French (II) Habitaciones interiores

Las 800 páginas que componen “Sólo para mujeres” de Marilyn French, no son solo una de las mejores compañías que he tenido a mi lado en meses, sino que representan a su vez una agradecida arma de defensa. Arma de doble filo, su peso en hojas es considerable (las mujeres letradas saben que diccionarios y libros voluminosos siempre se pueden arrojar a algún imprevisto enemigo) su verdadero poder reside en las dimensiones teóricas que desprende su lectura.

Hemingway no, Marilyn sí

Para quienes quizás creen que las ideas feministas de Marilyn French están ya caducas, “Sólo para mujeres” editado en 1977, sigue siendo un escudo perfecto para defendernos de los enemigos de un pensamiento hoy en día silenciado y amnésico. Su lectura nos invoca a reflexionar sobre nuestra naturaleza y nos invita de forma sutil a pensar en la génesis de un movimiento, no solo desde una perspectiva feminista sino desde desde una perspectiva existencial y de género. ¿Es lo mismo?

Hemingway era un escritor maravilloso pero no me ayudó mucho en la búsqueda de mi identidad como mujer, Marilyn sí, no porque me haya dicho nada nuevo sino porque mira al mundo desde el mismo balcón, y me da la mano para que no me caiga.

Novela-recorrido cuyo eje será la vida de Mira Ward que la recuerda desde el exilio de la distancia. La autora teje la novela a base de saltos temporales mientras despliega una galería de personajes femeninos que se moverán por diversas instantáneas de la Ámerica de los 50 a los 70. Escrita de forma ágil, y con innegables ecos a Yates y a su obra maestra Revolutionary Road”, los ambientes y el trasfondo social están tan minuciosamente dibujados, que se asimila por momentos a una novela gráfica o a un capitulazo de Mad Men. En el viaje visualizamos con nitidez desde los estampados de la cocinas de los suburbios americanos, hasta las maderas de los pupitres de las distinguidas aulas de literatura del campus de Cambridge.

“Sólo para mujeres” es también una poderosa novela coral donde las mujeres a las que French da voz están dotadas de una fuerza que trasciende lo literario. La protagonista Mira, al igual que sus amigas, vive acusada por la neurosis ontológica que caracteriza a la mujeres que vivieron en los 50. Amas de casa congeladas en la viñeta estática del sueño americano. Asistimos a un simulacro de la vida compuesto por un estudiado escenario poblado de casas, coches, niños, fiestas, pero también maridos ausentes, puertas traseras, cigarrillos, cócteles, y soledad a raudales. El auténtico sacrificio humano de la vida familiar, donde algunas aguantan, otras enloquecen, beben o engañan a sus maridos.

Al igual que la propia escritora -los tintes autobiográficos de la novela son inevitables- Mira consigue escapar y se marcha a estudiar literatura inglesa a Cambridge donde conoce a otra panda de mujeres bien diferentes a las de la primera parte de la novela. Allí, French nos introduce en el mundo académico de Cambridge de los 60, los movimientos pacifistas y en un incipiente movimiento de liberación de la mujeres.

 La daga está en el cuarto

Aunque no es ahí donde está la daga que nos clava la autora. El best-seller titulado originariamente “The women’s room”, nos remite a uno de los grandes punto de partida del  feminismo literario, el libro de Virginia WoolfA Room of One’s Own, ensayo angular del pensamiento feminista que curiosamente está basado en una serie de lecturas que Woolf dio en dos colegios para señoritas de la universidad de Cambridge en 1928, mismo lugar donde termina la novela.

French retoma la habitación, ese espacio simbólico y real de Woolf para mostrar como en un mundo dominado por el patriarcado, el pensamiento femenino está restringido a lo subterráneo, a lo doméstico. Para retratarlo en su multiplicidad, abre gracias la literatura la puerta de varias habitaciones mostrando así como el pensamiento femenino está todavía sumergido, y como éste transcurre, se busca y se construye a si mismo en la intimidad. Un flujo de ideas que se buscan de habitación a habitación sin nunca poder salir de ese espacio cerrado, en cierto modo secreto. En un circulo que podríamos resumir en estos tres ítems: amiga-habitación-mundo, French resalta que la dialéctica entre mujeres está en la base de la construcción de la identidad femenina.

La autora genera así laberintos vitales convirtiendo la narración en un itinerario a través de  varias habitaciones interiores. ¿Dentro de ellas qué hay? Vidas de mujeres. Y mientras la leemos, parece que la feminista nos susurra al oído, discreta, pero con punch: “Abran las puertas señoritas, salgan de la habitación, pero recuerden que dentro está la daga para matar al enemigo.”

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